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domingo, 19 de agosto de 2012

Psicología positiva o método para el control de las masas?





He encontrado este video en las redes sociales, y me ha parecido muy interesante. Me ha hecho pensar... escuchándolo, recordé una entrada anteriormente publicada que se titulaba "corta tu rama", y he sentido la necesidad de re elaborar este material.

El video da la opinión de una activista y escritora norteamericana, Bárbara Ehrenreich, sobre lo que ella considera como una forma de manipulación de masas por los grandes poderes fácticos, a través de la mal interpretada "psicología positiva", que según la autora en su libro "sonríe o muere", ha logrado fomentar la inacción en unas ocasiones, y la asunción de la responsabilidad de hechos que no les corresponden a muchas personas, en otras.
La autora critica mensajes transmitidos desde esta corriente, en la línea de "podemos lograr lo que nos propongamos, solo con nuestro propio pensamiento", "nosotros generamos nuestra propia realidad, somos responsables de ella", "somos responsables de lo que nos pasa, ya que generamos un tipo de energía según nuestros pensamientos, que crea esa realidad imaginada", o "no te aflija, piensa en positivo, no te quejes..." mensajes del tipo de los publicados en el best seller  "el secreto" por ejemplo, según ella.

Y es cierto que no existe una realidad objetiva, que cada uno vive la suya a su manera, y también es cierto que de alguna manera influímos en gran parte de lo que nos pasa... Pensaba en El Efecto Pigmalión, y todas las investigaciones sobre como influyen nuestras expectativas en nuestros resultados. Estas investigaciones avalan parte de estas teorías de la "psicología positiva", en función de algunas variables como la motivación, la cantidad de persistencia a la hora de intentar algo, la tolerancia a los fracasos sufridos durante el camino...

Y también pensaba en la famosa frase de Sartre, que tanto utilizamos en T. Gestalt, esa que dice "la libertad no es lo que la vida hace contigo, sino lo que tú haces con lo que la vida hace contigo", y que de una forma maravillosa nos devuelve parte de nuestra libertad y responsabilidad al mismo tiempo.

Pensaba en la entrada de "corta tu rama", y si no es posible que infunda el mensaje sin ser esa su intención, de que nada de lo que nos pasa es malo...
Una vez más me atrapa la frase de Sartre...

Todos los derechos reservados por Benjamin Albiach
Por su puesto que hay avatares a lo largo de nuestra vida que no quisieramos atravesar, situaciones tristes, duras, pérdidas, agresiones, frustraciones... No todo lo que nos pasa es fruto de como sentimos o vivimos o pensamos... Este es un pensamiento muy egocéntrico en mi opinión... Hay cosas, muchas en realidad, que se escapan a nuestro control, y lo que nos queda una vez nos alcanzan, es ver lo que queremos hacer con ellas dentro de nuestras posibilidades... Como crecemos a pesar y a partir de ellas... Y en este crecer a veces hay que llorar, gritar, o destruir para dejar el espacio limpio a lo que queremos construir  de nuevo... De ahí la importancia que en gestalt le damos a  validar todas las emociones y darles es espacio que se merecen en nosotros, sobre todo a la ira y a la agresividad, como energía destructora de todo aquello que precisa ser destruido, para poder ser reconstruido de nuevo.
No podemos modificar nuestra realidad solo con pensamientos positivos, con deseos... Esto es una parte... A veces... Otras, además de esto, hay que ponerse manos a la obra con la energía suficiente como para poder luchar y poder sobrevivir, intentando crecer siempre por el camino, por supuesto... 

Quizá en los tiempos que corren hace falta una gran dosis de esta psicología positiva, que nos marque una hoja de ruta, un horizonte... y que nos recuerde que podemos crecer y aprender de todo, pero no podemos construir nuevos tiempos solo con deseos y pensamientos, en esto comparto plenamente las palabras de Barbara E. 
Desde mi modelo... siente, acepta lo que sientes como algo bueno de ti, mira a ver que necesitas y que te indica eso que sientes, y pasa a la acción, confiando en ti, ya sea gritando, revelándote, pidiendo, luchando, llorando, abrazando, amando...
Pero esta es solo una opinión... no sé tú que piensas al respecto.

domingo, 27 de mayo de 2012

La terapia gestalt como disciplina personal

Me he pasado todo el fin de semana encerrada en un taller titulado "La Terapia Gestalt como disciplina personal", y la experiencia ha sido tan potente para mí, que necesitaba escribir sobre ello.
Por un lado pareciera que es una incongruencia prescribirse la disciplina de ser congruente con los postulados de la Gestalt, cuando esta habla de autenticidad, honestidad, espontaneidad... y pareciera que estos debieran darse de forma natural y "espontánea"..., sin embargo, al menos en mi caso si que es necesario cierto grado de alerta, de vigilancia en la aparición de mis bloqueos, esos que en ocasiones me impiden fluir o me tornan un poco menos honesta, auténtica, deseosa de agradar y ser amada.

Transcurridas las primera horas, el desconcierto y la frustración se palpaban en el ambiente. El terapeuta sentado en un lado de la sala, permanecía atento a las señales del grupo, disponible si había alguna demanda, pero en silencio la mayor parte del tiempo, ya que estas no surgían. El silencio resultaba incómodo y se percibía el nerviosismo en la fenomenología de los compañeros..., unos miraban hacia arriba, otros ojeaban sus cosas, otros de vez en cuando intervenían quizás en un intento de rellenar los huecos y "salvar" al terapeuta y a los compañeros de la incomodidad propia proyectada... era esta clase de silencio en la que aparece aquella parte de nosotros que a menudo no aflora, que no dejamos aflorar sería más correcto porque no le damos espacio. 
El terapeuta aguantaba el tipo estoicamente (eso pensaba yo en ese momento) sin dar pautas, simplemente estando presente y disponible, atento, dejándose fluir y dejando fluir al grupo en el vacío fértil, confiando plenamente en sus capacidades y en las propias (no había estoicismo, sino confianza, pero eso lo descubrí poco después).
Derechos reservados por Benjamin Albiach
Poco a poco iban apareciendo figuras para trabajar... algunas no demasiado claras. Iban y venían en un baile quizás  un poco asincrónico. Luego aparecieron otras muy potentes, que nos movilizaros e hicieron crecer.

Y de repente lo vi... como un inshigt.

Algunos compañeros protestaban pidiendo pautas, ejercicios. Se sentían indignados ante lo que percibían como pasividad del terapeuta, quizás dejadez de sus obligaciones como didacta...

Y sin embargo yo lo vi. 

La excitación por segundos aumentó en mí, mi cuerpo se irguió, me senté ligeramente hacia delante como intentando llegar a todos para poder compartir lo que estaba experimentando y lo grande que para mí era. Y no es que fuera la primera vez... pero eso no importa. Es como cuando te besan con una entrega total y te fundes, y vibras y fluyes... no importa que no sea la primera vez, sigue siendo la leche.
Lo veía... esto, para mí, era Gestalt pura... y yo me sentía cómoda y relajada, al mismo tiempo que excitada... parece una contradicción pero no... era como la voz media de la que habla el PHG.
Me acordé de la cantidad de veces que mis pacientes me piden pautas y yo me niego a dárselas apelando a su responsabilidad en el proceso, y a la confianza plena en que ellos saben mejor que nadie lo que les conviene. Solo tienen que darse el tiempo suficiente y el permiso para descubrirlo... y casi siempre tiene que ver con darse el permiso para ser ellos mismos.
Esto era lo que estaba pasando. El terapeuta no empujaba el río. Sabía estar ahí, en ese espacio en el que a veces estamos perdidos, desconcertados, sin respuestas claras. Ese espacio en el que se desvanece el control, y se hace necesario confiar en que "el suelo seguirá estando ahí para sostenernos cuando demos el siguiente paso".
Derechos reservados por Benjamín Albiach
No hubo pacificación prematura del conflicto, en su lugar una fuerte dosis de confianza y de devolvernos la responsabilidad de nuestras vidas y de nuestro tiempo. ¿Qué necesitábamos hacer? ¿Qué queríamos hacer? ¿Lo estábamos haciendo?
Cuando estás acostumbrada a vivir en un ambiente estructurado, con pautas claras, donde se esperan cosas, se tienen expectativas sobre como deberían ser las cosas... este vacío de pautas puede ser muy perturbador, porque te devuelve la responsabilidad de actuar decidiendo qué quieres hacer y cómo lo quieres hacer, y te pone delante de muchos de tus bloqueos... ¿Te permites hacerlo? 

Patxi Sansinenea, que era nuestro terapeuta, se presentaba ante mí como uno de los más claros ejemplos de gestalt como disciplina personal. Honesto en lo que nos decía, confrontando cuando era necesario, haciéndose cargo de sus sentimientos y necesidades, responsable de esta forma con sigo mismo y con nosotros, dejándose fluir, confiando, abandonando el control, estando de manera permanente en el aquí y ahora de lo que iba sucediendo... tranquilo, presente...

La experiencia de fluir y abandonar el control es formidable, porque de repente aparezco yo, tal cual soy... y está bien, y me puedo apoderar de esto y lo más importante, responsabilizarme de esto.

Esto es responsabilidad, honestidad, congruencia, respeto, estar en el presente sin empujar el río... esto es Gestalt.

Gracias por la experiencia Patxi Sansinenea.

martes, 1 de mayo de 2012

Envejecimiento activo. Un enfoque Gestalt


todos los derechos reservados por Benjamin Albiach
Nuestra población envejece... envejecemos... y de forma paralela aumenta el gasto en pensiones, sanidad, dependencia... 
Cuando el bolsillo pica, parece que se movilizan las grandes instancias... pues bien, bienvenido sea si es así. Progresivamente ha ido aumentando la conciencia sobre la importancia de invertir en investigación, sobre algunas enfermedades relacionadas directa o indirectamente con el aumento de edad como el Alzheimer u otras demencias, y al mismo tiempo, y tan importante como esto primero, aumenta la conciencia de la importancia de incidir en programas de prevención de la salud, como para este caso serían los programas para fomentar el envejecimiento activo. 

Este año ha sido declarado por el Parlamento Europeo, el año del envejecimiento activo, y desde todos los colectivos implicados, nos afanamos por aunar esfuerzos para llegar a más y más gente de manera que podamos ir modificando algunas creencias negativas y erróneas sobre el envejecimiento, y al mismo tiempo emplazar a las personas a desarrollar un papel mucho más activo y responsable, de cara a afrontar y disfrutar de este período de la vida.
Y compartiendo con mis compañeros qué es lo que cada uno de nosotros entendía por envejecimiento activo, a mí, desde mi enfoque gestalt, me surgieron algunas ideas que quise compartir.

Desde la Gestalt no concebimos al individuo, sino es inmerso en su entorno, y en este sentido, me resulta fácil comprender lo que puede suponer en una sociedad de consumo y donde prima la productividad, llegar a la edad de jubilación. Si observo este modelo de sociedad, en su seno encajan a la perfección la cantidad de ideas negativas (introyectos culturales) que vamos asimilando con un bajo nivel de conciencia, y que van conformando nuestra idea de lo que es envejecer, fomentando el enraizamiento de una actitud "edadista" en nuestra sociedad.

El edadismo se refiere al conjunto de estereotipos y prejuicios relacionados con la edad, así como a las consecuencias discriminatorias de los mismos en la atención de las personas mayores. Y se alimenta de todos estos introyectos o creencias falsas. Seguro que alguna de ellas os suenan... algunas conforman lo que se denominan los yo-yas (yo-ya no puedo):

 Algunos derechos reservados por Meritxell Garcia 
-Llegar a viejo implica enfermar y tener que padecer achaques
-Al llegar a viejo se pierde la memoria
-Al llegar a viejo se pierde el deseo sexual, y si se mantiene es porque se es un "viejo verde"
-Al llegar a viejo se vuelve uno lento y torpe
-Yo ya no estoy para esto
-A mi edad yo ya no puedo
-Sobre esto yo ya no digo nada


Así pues, vamos cumpliendo años e incorporando estas creencias más o menos digeridas, y somos apartados de la vida laboral y con ello de una importante forma de autorrealización personal. Es como si nos impusieran una fecha de apagado que no corresponde con las verdaderas potencialidades de la mayoría de las personas.
Por ello creo que cada vez se hace más necesario incidir en que no todo el envejecimiento es patológico, en que envejecer no supone per sé enfermar o perder todas las facultades. A veces sí, pero la mayoría de las veces no es así.

¿Qué sería el envejecimiento activo desde el enfoque gestáltico?

En mi opinión sería un envejecimiento en el que se mantienen intactas las capacidades del individuo para tomar conciencia de sus verdaderas necesidades, y de cómo hace o no hace para satisfacerlas. Sería un envejecimiento en el que la responsabilidad principal del proceso, se le devuelve al individuo, que se libera de todas estas creencias falsas, manteniéndose en contacto pleno tanto con él mismo, como con su entorno.

 Algunos derechos reservados por mtsofan
Responsabilidad para mí es la palabra clave. Responsabilidad para con uno mismo, capacidad de estar plenamente consciente y dar respuesta activa a las propias necesidades en todas las facetas del ser humano.
Envejecimiento activo a mi entender, desde mi enfoque, implica masticar estas creencias dañinas, tomar contacto con uno mismo y lo que uno necesita, y ejercer un papel activo y responsable, huyendo del rol de enfermo o dependiente.
Desde este punto de vista, a mi juicio, envejecimiento patológico sería todo aquel en el que las personas nos desconectamos de nosotros mismos y de nuestro entorno de forma progresiva, anulando todo aquello que somos, y favoreciendo la aparición de "otras patologías físicas o psicológicas", y las situaciones de dependencia.

Y en este sentido, todo esfuerzo encaminado a "masticar" creencias tragadas, viendo lo que nos encaja y desechando lo que no, todo esfuerzo encaminado a devolverle al individuo la responsabilidad y el poder sobre su vida, todo esfuerzo encaminado a movilizar todos nuestros recursos personales, me parece bien venido, aunque sea así.






viernes, 9 de marzo de 2012

El elefante encadenado

AtribuciónNo comercialCompartir bajo la misma licencia Algunos derechos reservados por Práxedes
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.

Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosostros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca.

Cuento de Jorge Bucay

miércoles, 7 de marzo de 2012

The Artist

Esta semana pasada fuí un poco a rastras al cine (lo confieso), a ver la gran ganadora de los Oscar de este año, "The Artist".
La verdad es que me emocionó, y me pareció sorprendente que a nadie se le hubiera ocurrido hasta el momento volver a hacer una película de cine mudo, en homenaje al cine de entonces... Lo cierto es que en ningún momento eché de menos el sonido...  estuvo muy presente para mí,  la importancia del contenido no verbal de la comunicación. Los gestos, la mirada, el brillo de los ojos, las posturas corporales... Me pareció que la expresión del rostro tenía más fuerza, más peso que de costumbre, y que las caras de los actores brillaban de una forma especial, como en las películas antiguas.
Y lejos de parecer una nostálgica, y el motivo de dedicarle una entrada en este blog, es porque mientras iba transcurriendo la trama, mi mente iba haciendo una lectura psicológica de la historia, perfectamente extrapolable a situaciones cotidianas a las que la gran mayoría nos enfrentamos. No, no voy a contar el final de la película.
Mientras la veía, pensaba en las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos y nuestras capacidades, esas ideas que nos vamos forjando a lo largo de nuestra vida sobre lo que somos capaces de hacer y lo que no, y que en muchas ocasiones se acaban convirtiendo en barreras infranqueables.
Es verdad que muchas de esas ideas representan parte del autoconocimiento  que vamos adquiriendo en base a nuestros logros y fracasos, y también es cierto que es bueno (en mi opinión), tener una idea aproximada de nuestras habilidades y de aquellos aspectos en los que nos mostramos tan habilidosos. Una idea "no rígida" y actualizable.
Sin embargo, y como en todo lo demás, creo que es muy importante tener cuidado con esto... ¿De dónde nace la idea de que yo no puedo hacer tal cosa? ¿Cómo y cuándo descubrí que determinada faceta no se me daba bien? ¿Qué esto o lo otro no eran para mí? ¿Lo descubrí o me lo dijeron tantas veces que acabé creyéndomelo? ¿Cuándo tiré la toalla? ¿Tendría fuerzas para intentar algo nuevo, diferente, algo que rompiera con mi guión de vida? ¿Podría arriesgarme a probar eso que tanto deseo hacer y que creo que no puedo lograr? ¿Cuántas de las barreras que encuentro en mi vida, me las pongo yo misma, o he dejado que me las pusieran otros desde fuera, otorgándoles valor de fe a sus juicios sobre mi persona? Los juicios que oimos de pequeños sobre nosotros mismos, y sobre todo si están hechos por personas significativas, tienen un gran peso en determinar lo que de mayores creeremos que somos o que podemos o no hacer.
Para mí, gran parte de la película habla de estas barreras que nos ponemos a nosotros mismos, basadas en etiquetas rígidas que no nos permiten actualizarnos y estar realmente presentes con todas nuestras potencialidades. Y también habla de la importancia del apoyo, cuando nuestro autoapoyo falla. La importancia de una mano tendida para ayudarnos a levantarnos de las zancadillas que a veces podemos ponernos a nosotros mismos.
Me acordé del cuento del elefante encadenado de Bucay. 
Hermoso cuento y hermosa película.